Kalipedia
Saltar directamente a:


Edición

Cambiar





Herramientas de visualización e impresión:
Caricatura de Charles Dickenspublicada en la revista L'Eclipse,1868. Biblioteca Nacional, Madrid.

David Copperfield, Charles Dickens

-En esta novela Dickens proyecta sus más profundas experiencias personales. A través del paso de su protagonista desde la infancia hasta la madurez, el autor muestra su fascinación por el mundo infantil y juvenil, muy presente en su narrativa. La historia de David está llena de múltiples episodios, en los que cabe tanto lo sentimental como la descripción de algunos períodos difíciles por los que pasa.

Vota:
3 estrellas
  • 1 votos
  • 2 votos
  • 3 votos
  • 4 votos
  • 5 votos

Resultado:
3 estrellas
  • 1 votos
  • 2 votos
  • 3 votos
  • 4 votos
  • 5 votos

Guárdame Amplíame Compárteme: Facebook Google Ver más

El señor Murdstone

La madre de Copperfield fallece, por lo cual él queda bajo la tutela del señor Murdstone y su hermana Jane, que despiden a Peggotty. Sin su madre, los hermanos tratan todavía peor a David, y como no están dispuestos a mantenerle, lo ponen a trabajar en el almacén de vinos que Murdstone comparte con un socio. Su trabajo le permite conocer a la familia Micawber, pero no agrada en absoluto a David, por lo que decide escaparse:

Pero no llevaba el propósito de pasar allí otros muchos días fatigosos. No. Había tomado la resolución de escaparme…, de ir a provincias, valiéndome de cualquier medio, a visitar al único pariente que tenía yo en el mundo…, a contarle mi historia a mi tía, la señorita Betsey.

He dicho ya que no sé cómo acudió a mi cerebro aquella idea desesperada; pero, una vez en él, en él se quedó; y se transformó en una resolución tan firme como no la he tenido más firme en toda mi vida. No estoy seguro, ni mucho menos, de que creyese que había en ella algo esperanzador, y, sin embargo, estaba resuelto por completo a poner aquella idea en ejecución. […]

Como yo no sabía siquiera dónde residía la señorita Betsey, escribí una larga carta a Peggotty e incidentalmente le pregunté si ella lo recordaba, pretextando que había oído hablar de que vivía en no sé qué lugar que yo cité al buen tuntún y que tenía curiosidad por saber si, en efecto, se trataba de mi tía. En la misma carta le decía a Peggotty que estaba apremiantemente necesitado de media guinea, y que si podía prestarme esa suma hasta que yo estuviese en condiciones de devolvérsela, le quedaría muy agradecido, y que después le contaría para qué me había hecho falta.

La contestación de Peggotty no tardó en llegar; era, como siempre, cariñosísima y rebosante de afecto. Me incluía la media guinea.


Participa