Rusia es un país con gran tradición musical. Algunas de las grandes obras literarias del siglo XIX han servido de inspiración para compositores de música; así, por citar algunos ejemplos, el libreto de la ópera Eugenio Oneguin, del compositor ruso Tchaikovski, se basa en la novela en verso de Pushkin; la ópera de Mussorgski, Boris Godunov, parte del drama de Pushkin sobre ese antiguo zar; el compositor checo Leos Janaceck se inspiró en el relato Taras Bulba de Gogol para su sinfonía con el mismo nombre, y el músico ruso del siglo XX Dimitri Shostakovich se basó, en sus óperas La nariz y Lady Macbeth de Mtsensk, en las respectivas narraciones de Gogol y Leskov.
Por otra parte, también los escritores rusos trataron temas musicales, algunos de gran influencia posterior, como es el caso del diálogo Mozart y Salieri (1830) de Pushkin en el que se recogía el rumor de que Mozart fuera envenenado por otro músico, Antonio Salieri. Pushkin utiliza ese rumor para tratar el tema de la envídia, pero su diálogo sirvió para que el rumor continuara creciendo y llegara así hasta el siglo XX en el que fue recogido por la película Amadeus de Milos Forman, pero antes, también otro músico ruso, Nikolái Rimski-Kórsakov, convirtió el diálogo de Pushkin en una ópera.
Otra obra literaria que se basa a su vez en una obra musical, es La sonata a Kreutzer de Liev Tolstoi, que toma precisamente su título de una obra de Beethoven.