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El civilismo y el agravamiento de la crisis

-En 1872, con el apoyo del electorado y una mayoría parlamentaria, se inició el primer mandato de un presidente civil en la historia republicana del Perú. Sin embargo, ello ocurría paralelamente a la grave recesión en la que se sumía el país.

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Gobierno de Manuel Pardo y Lavalle (1872-1876)


 
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A pesar de que el gobierno de Pardo se inició bajo los auspicios de ser un régimen civil, pronto se encararía la sombría realidad: la situación interna del Perú estaba dominada por una aguda crisis económica, que se agravó cuando la Casa Dreyfus declaró que daba por finalizado el contrato firmado en 1870, ya que alegaba haber cumplido con sus obligaciones, además que el precio del guano había bajado considerablemente ante la aparición de otros fertilizantes más eficaces y de menor costo, como el salitre y los fertilizantes químicos.

En un intento por aliviar la crisis, el presidente Pardo decidió aplicar algunas medidas económicas como el estanco del salitre, el aumento del impuesto de explotación y la nacionalización de las salitreras de Tarapacá, que eran explotadas por compañías inglesas y trabajadas en su mayoría por chilenos. Estas medidas no prosperaron finalmente y el déficit fiscal fue tan grave que el Estado tuvo que declararse en bancarrota. Así las cosas, no habría una mayor labor de gobierno; se promulgó un nuevo Reglamento de Instrucción Pública, en el que se establecía la enseñanza gratuita y obligatoria para el primer y segundo grado de primaria y se buscó contratar profesores extranjeros. Asimismo, se fomentó la inmigración china y europea. Pese a ello, el descontento popular se haría cada vez más evidente y surgieron revueltas como la llevada a cabo por Nicolás de Piérola en 1874, que fue vencida.

Política exterior

La labor de Pardo en relación con la política externa resultó bastante difícil y cuestionada, ya que debió prestar atención al conflicto entre Chile y Bolivia, que se disputaban territorios limítrofes. Ello se conjugaba con los intereses extranjeros por el salitre de aquellas regiones, en las que el Perú podía verse afectado. Por ello, para conjurar una posible agresión armada, se firmó en 1873 un tratado secreto de carácter defensivo con Bolivia. Ello encendería la chispa para la enemistad con Chile, país que no tardó en reclamar por aquel acuerdo, al que consideraba lesivo a sus intereses.

Abandono de la política armamentista

Uno de los efectos más notorios de la crisis que asoló al Perú en la década de 1870 fue la disminución del poderío bélico y naval peruano, que antes había sido predominante en el escenario del Pacífico sur. Este desbalance se vio incrementado al conocerse que el gobierno chileno estaba adquiriendo dos modernos blindados. Por tal motivo, el régimen del presidente José Balta había comisionado a Europa al capitán de navío Manuel Ferreyros con el fin de gestionar la compra de los buques necesarios para compensar el poderío chileno. A ello se sumaba el urgente llamado hecho por el diputado por Paita, Miguel Grau, en relación con la necesidad de renovar los elementos navales, puesto que aquellos con los que contaba el Perú en esos años -muchos de ellos adquiridos en el gobierno de Pezet, como el «Huáscar» y la «Independencia»- ya se encontraban obsoletos.

Pese a que luego de muchos esfuerzos se logró que en 1873 se aprobara en el presupuesto nacional una partida destinada a solventar los gastos que demandara la adquisición de los buques, la crisis imperante obligó a que al año siguiente se cancelara toda gestión tendiente a obtener material bélico. De esta manera lamentable, el Perú perdió la supremacía en el mar, aspecto crucial que debe contemplar todo país costero. La campaña marítima llevada a cabo durante la Guerra del Pacífico daría una dura lección en torno a ello.


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