Cuando se analiza el hecho urbano se aprecian sin dificultad algunos rasgos
esenciales que diferencian la ciudad de los asentamientos rurales. Generalmente,
se tienen en cuenta las siguientes variables:
- El tamaño. Las ciudades tienen, en líneas generales, un tamaño superior al de los
pueblos. En cada país se determina un número mínimo de habitantes para considerar
un asentamiento como ciudad: en Francia, 2.000 habitantes; en Estados Unidos, 2.500;
en España, 10.000; en Suecia, 200; en los Países Bajos, 20.000; y en Japón, 30.000.
- La fisonomía. Las ciudades tienen, en contraposición a los pueblos, amplias
avenidas, edificios altos y un peculiar aspecto exterior de sus calles debido
a la intensa actividad comercial y al alto índice de circulación de personas
y de vehículos. También destacan la existencia de zonas verdes y la abundancia
de servicios públicos y de locales para el ocio de sus habitantes.
- La densidad y el poblamiento concentrado. La densidad de población y de
edificios de un asentamiento urbano es superior a la del rural, pues vive mucha
gente en un espacio relativamente poco extenso.
- Las actividades económicas y profesionales. Mientras que en los asentamientos
rurales predominan las actividades agrarias, en las ciudades la población se
dedica mayoritariamente a la industria y, sobre todo, a las actividades terciarias.
Además, la ciudad organiza y dirige las actividades económicas de su región
circundante o periferia, y esta depende en un alto grado de la industria y los
servicios de la ciudad.
- Las formas de vida. La vida urbana es más compleja que la vida rural. Hay una
disolución de las relaciones familiares y sociales, y un mayor individualismo. Los
hábitos diarios son diferentes, al igual que el tipo de trabajo y la utilización del
tiempo libre. En general, la posibilidad de acceso a la información y a la cultura
(teatros, cines, conciertos…) es mayor en las ciudades que en las áreas rurales .