En la evolución de las ubres de las vacas encontramos ejemplos tanto de selección natural como artificial.
Darwin dedica muchas páginas de su libro a hablar de la selección artificial de razas domésticas de animales. Le llamaba la atención qué razas tan diferentes se podían originar a partir de un animal salvaje, y comparó este proceso de cría y transformación con el proceso de la evolución.
Según él, el criador de animales observa una camada, formada por animales parecidos, aunque no iguales. Estudia qué animales poseen alguna característica que le resulta interesante. Luego, a la hora de tener una nueva camada, da prioridad a esos animales para que se reproduzcan. Así, en la siguiente camada habrá más animales con esa característica.
De este modo, seleccionando durante muchos ciclos de cría los progenitores más adecuados, se puede llegar a obtener una nueva raza, distinta de otras.