Es posible producir metano, una fuente energética no contaminante, utilizando como materia prima aguas residuales, algas y bacterias.
Las aguas residuales se acumulan en charcos poco profundos, donde crecen las algas.
Estas se cosechan de vez en cuando y se colocan en un contenedor llamado digestor, dentro del cual las bacterias se alimentan de las algas y producen metano.